Cuando todos duermen
fracturo uno a uno
los huesos duros de la vida.
Cosecho el silencio a granel
y me lo engullo
como un perro hambriento
hasta que mis oídos eructen satisfechos.
Cuando todos duermen,
escucho las voces de los marginados.
Y tiro trastes, lágrimas y soledad.
Tiro la levadura de la ambición y la injusticia.
Tiro al vacío al rico arrogante,
y al político rufián.
Al presente infestado de gusanos y moscas.
A la lucha sin sed.
A la lucha cobarde.
Cuando todos duermen,
urdo revolución o guerra,
urdo paz o esperanza.
- Cuento estrellas fugaces -
- Cuento ovejas mutantes -
Cuando todos duermen,
amontono la fuerza
de todo el amor desparramado.
Ese amor que hace parir,
que hace soñar.
Que acalambra el corazón
de los amantes.
Que le hinca el diente
a los temporales.
Que no sabe de silabario.
- Ese amor que hierve -
Que levita, que atraviesa,
que moja, recicla.
Que mastica, traga y no olfatea.
Que le corta el pescuezo
a la distancia, la tristeza,
a la traición, a la pobreza.
Y me envalentono.
Y recojo la libertad de los vientos
y de los cóndores de Los Andes.
Le hago zancadillas a los códigos,
a las tormentas y a los zorros.
A esos pasillos oscuros,
y las ventanas cerradas.
Y fusilo sin piedad
tu boca descarada.
Fusilo los sellos.
Las tripas vacías.
El frío intenso.
Las miradas lánguidas.
Y la intromisión de los alúdes
repletos de venganza.
Y me envalentono.
Y también te digo que te amo.